No existe amor más perfecto y protector que el de una madre a sus hijos. No hay amor más sufrido desde la creación del hombre, no se ha visto sacrificio más costoso desde la historia de la humanidad.
Nosotros los hijos debemos nuestro respirar a una mujer que por voluntad y sacrificio nos mantuvo bajo su cuidado, muchas veces doblegando sus deseos personales y caprichos antes que afectar la miniatura que una vez fuimos.
Entonces, a medida que el tiempo sigue su curso, los días van pisando más fuerte el acelerador y el motor de los años va tomando velocidad, nos vamos haciendo más insensibles al consejo maternal. Pensamos de que ya hemos alcanzado la independencia mental y nos creemos autosuficientes y capaces y a la vez no valoramos los consejos que no provienen de una doble intención, sino que se derivan de una voz que se ha enronquecido ya por los tragos amargos que le ha dado la vida.
Madre, acaso piensas que tus lágrimas han sido en vano? No te has percatado madre, de que eres portadora de vida?
No te lamentes de haber sido alcanzado por este amor obsesivo, que no busca lo suyo, sino que se entrega totalmente sin esperar nada a cambio. No te aflijas, porque has cumplido con el proceso necesario para la existencia humana.
Sólo educa, sé justa, no abuses de tu rol de madre, ni tampoco lo delegues a un particular con tal de eximirte de tus funciones. Sólo haz que tus acciones tengan más peso que tus palabras, muestra siempre tu mano de misericordia y esconde bajo tu delantal la indiferencia.
Así comprobarás de que el corazón de tu hijo permanecerá siempre fértil para la siembra de tus palabras y de esta manera recibirás la pensión emocional que tanto mereces cuando en la crianza te has esforzado, a pesar de tantos torbellinos que no te han dado descanso.
El cariño de la mujer es grato para el alma , pero el amor de una madre es necesario para un hijo.
Joan Alonso
2/10/07.
martes, 2 de octubre de 2007
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