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miércoles, 26 de septiembre de 2007

Senderos engañosos

Me encuentro situado en una gran encrucijada, un gran laberinto; donde observo diferentes senderos que conducen a diferentes destinos. Uno de éstos caminos, me hace detener y examinar antes de entrar en él, ya que es muy estrecho y desprovisto de rótulos y pavimento, lo cual a la vez te resulta incómodo al andar. Luego percibo una señal y me doy cuenta de que este letrero tiene por nombre: “ Sendero de la verdad” y tiene escrito un poco más abajo una frase que dice así: “ Sólo los sabios lo atraviesan”.
Después de entender este panorama, dirijo mi mirada hacia otro camino mucho más agradable a mis sentidos, ya que éste consta de una gran pancarta con luces de diferentes colores e imágenes deslumbrantes de personas sonrientes e impasibles. Este sendero se denomina “ Avenida de la Mentira”.
Entonces, como invadido por una curiosidad de probar y saciar mi sed primitiva, decido cruzar y experimentar. Al pasar, y rodearme de manjares exquisitos a la vista y percibir sensaciones placenteras, siento como poco a poco voy perdiendo el deseo y me voy sintiendo más vacío. Pero de repente, observo nuevas perspectivas; veo hombres bien vestidos que se acercan a mí con ademanes histriónicos y con promesas en sus labios de que alcanzaré la gloria y las riquezas que ofrece este mundo, si tan sólo me dedico a ignorar lo que ocurre a mi alrededor y me adhiero a los discursos ilusionadotes de individuos presa del teatro y la simulación.
Al darme cuenta, de que todo éste andar engañoso solo trae consigo una pizca de desilusión y veneno, decido volver cabizbajo al “ Sendero de la verdad”.
Nuestras acciones son producto de nuestras costumbres y nuestras costumbres pueden ser influenciadas por buenas o malas acciones.
La mentira, es un pecado del alma irreversible que se mantiene a través de los siglos, y existe porque los humanos se sirven de ella voluntaria e involuntariamente, creyendo de que así pueden salir de apuros forzosos, y muchas veces emitiendo excusas y argumentos con tal de hacer de la mentira un mal justificable.
Y no es asi; porque el que hace de la mentira una costumbre, tarde o temprano termina mostrando a la sociedad las grandes arrugas que su propia falsedad ha causado.

Todos somos vulnerables a mentir, pero no todos somos partidarios de ella.

Joan Alonso
26/9/07.

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