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sábado, 15 de septiembre de 2007

MERENGUE

Me encuentro sentado en un colmado, lugar donde los diferentes tipos de personas se encuentran para despejar su mente de los quehaceres diarios. Unos hablan de pelota, otros hablan de su esposa, algunos hablan de política y otros simplemente se dedican a mirar al vacío. Mientras el tiempo transcurre, noto que la noche es joven para ellos y de que éste el momento escogido para canalizar sus pesares.
“ Que el gobierno y que los funcionarios, que los trajes y que los cargos públicos…”, todo estos comentarios provienen de un corro decidido a soñar. Soñar con un mejor mañana, donde los bolsillos puedan estar rebosantes, donde el chocolate no se tome vacío, donde el agua y la luz puedan convertirse en fuentes constantes e imperturbables.
Ante todo esto, la felicidad y la algarabía encuentran su origen, por más que se critiquen los derroches y las limitaciones, el dominicano no negocia con la felicidad de la noche.
Así como cuando dijeron alguna vez: “ Mataron al chivo!!!!!…”, así se siente la atmósfera cuando la tambora y la trompeta deciden combinarse y provocar escozor en los pies dominicanos que encuentran un calzado en las notas musicales.
Unos tragos de cerveza, pueden acallar las penas, unas “dulces” palabras para las "muchachonas" producto de la embriaguez, pueden borrar la estrechez. Un merengue, es capaz de esclarecer la mente y una bachata, es capaz de hacer bailar el alma.
El dominicano sufre, pero todo es parte de una etapa censurada comparada con la alegría que de por naturaleza portamos. Ni los rechazos, ni los desencantos, negocian con la felicidad del quisqueyano.

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