UN ESCRITO A LA DOMINICANIDAD
En estos días ardientes de verano, oigo a través de una brisa tropical el eco de la palabra “ DOMINICANO”.
DOMINICANO, sustantivo producto de una mezcla racial impulsada por hombres valientes que prefirieron luchar antes que el oprobio que produce la esclavitud y la vergüenza. Hombres que eligieron la dignidad y el honor como razón de ser, defendiendo sus tierras con el cayado de la libertad en su derecha y con la antorcha de la esperanza en su izquierda. Demostrando así, de que en nuestro pecho está marcado el signo tricolor de la valentía. Pero hoy día, me siento y pregunto: Si nuestra raza no pudo ser extinguida, si nuestros antecesores derribaron ejércitos y monumentos que nos subyugaban, si nuestros ilustres derribaron paradigmas con el ardor de sus ideas; cómo entonces actualmente nos dejamos vencer por sentimientos inferiores que atentan contra la hermandad de nuestra raza? Cómo hemos podido permitir que la envidia, que es un mal que cala hasta los huesos; nos esclavice hasta el punto de no querer descansar por tener lo que otro dominicano con su esfuerzo ha obtenido?
Es causa de indignación el simple hecho de pensar de que ésta generación ha crecido en un entorno donde sólo el provecho personal importa, popularizando así el “ gran e ilustre dicho” de que el fin justifica los medios.
Joven dominicano, recuerda que eres producto de lo que siembras en este conuco de la vida, si siembras amor y respeto, cosecharás un nombre; si siembras corrupción y engaño, cosecharás el sabor agrio de un calificativo con máculas de mediocridad y deshonra.
Estas líneas han sido impulsadas por los vestigios de una frase a veces ignorada que recorre una gran parte de nuestra historia construída por lágrimas y sangre de nuestro gran prócer que una vez expresó:
“ Sed justos, si quereís ser felices”.
Joan Alonso
7/8/07.
martes, 7 de agosto de 2007
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1 comentario:
para no politizar esto, me limito a pronunciar las siguientes palabras:
Ningún pueblo ser libre merece
Si es esclavo, indolente y servil;
Si en su pecho la llama no crece
Que templó el heroísmo viril.
Mas Quisqueya la indómita y brava
Siempre altiva la frente alzará;
Que si fuere mil veces esclava
Otras tantas ser libre sabrá.
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